jueves, 30 de agosto de 2012

CARLOS FELIPE VANNONI


EL ABUELO CARLOS (2012)



La última vez que   vi   al abuelo Carlos   venía   del Cementerio en su bicicleta negra.

En el Panteón de la Sociedad Italia ,donde él era Presidente, estaban colocando una escalera de fierro para poder subir a los nichos  más altos y él había estado toda la tarde supervisando que se hiciera bien el trabajo.


Según la abuela el frío  le debió haber hecho mal o la máquina de cortar el pasto con la que  hacía  mucha fuerza para mantener prolijo su parque , eso nunca se sabe, la cuestión es que el abuelo cuando regresó por la tarde se quejaba de  un dolor   fuerte en el pecho que lo obligó a  irse directo a  la cama  sin tomar siquiera su café con leche de la tarde .

Esa noche, después que lo visitó el médico, lo internaron en el hospital y al cabo de dos días en terapia intensiva se murió de un infarto masivo,ese fue el diagnóstico.

La noche en que el abuelo murió papá entró al dormitorio donde mis hermanos y yo  estábamos  durmiendo  , prendió la luz y nos  dijo con voz grave: Bueno, el abuelo Carlos no resistió…se fue, se murió.

Ninguno de nosotros respondió nada ,si mal no recuerdo,  yo balbuceé algo como “Pobre abuelo”  pero nada más ,en realidad ,la noticia  nos dejó paralizados  porque era la primera muerte que vivíamos en la familia y nada menos que la  del  abuelo Carlos ,nuestro predilecto.

Al rato llegó mamá, venía llorando desconsoladamente y papá trataba de calmarla , nunca la había sentido llorar a mamá con tanto sentimiento , por lo que me dio mucha impresión.

Lo mismo ocurrió  el domingo siguiente cuando estábamos almorzando fideos que había amasado papá , mamá se tapó con la servilleta la cara y comenzó a llorar,sentí mucha pena.

Es feo ver llorar así a  la madre , uno nunca lo olvida


Después del entierro nos fuimos todos a la casa del abuelo, en adelante le diremos la casa de la abuela  ; los grandes se sentaron en el comedor diario mientras que juntos con mis primos  ,los chicos , nos fuimos a la vereda a escuchar música con la radio del peugeot de mi tío.

En eso salió mi tío Carlos  y nos retó, por favor guarden respeto y apaguen la música, nos dijo , no entendí en ese momento,ahora sí , porque era falta de respeto poner la radio .

Los días que siguieron a la muerte del abuelo cambiaron un poco mi vida porque la abuela no quería quedarse sola en la casa y a mamá no se le pasaba por la cabeza invitarla a que ella viviera con nosotros.

La solución fue enviarle un nieto cada noche para que la acompañara ,nieto que ,por lo general, era yo por ser de las mujeres la más grande.

Menos por el quillango que era calentito , detesté aquellos   días de  luto  y acompañamiento, dormía en la cama grande en el lugar del abuelo, junto a la abuela con quien nunca tuve buenas migas.


Un día de hartazgo le dije a mamá que no iría más y  desde entonces la abuela no contó con mi presencia ,la explicación  que le dio mamá a la abuela era que no me podía obligar  y allí se terminó mi pesadilla que para entonces ya lo era.


Del abuelo me han quedado pocos pero buenos recuerdos.
Era un hombre simpático con una risa muy linda.
Cuando iba a casa debíamos insistirle para que se quede  con nosotros  un rato , pero se iba pronto porque no le gustaba molestar… hago puntos suspensivos porque yo heredé la misma tara.

Hasta un tiempo antes de morir trabajó de comisionista, viajaba de madrugada dos o tres veces por semana a Buenos Aires en el colectivo o en el tren o ,a veces lo llevaba  Chiquito Portinari  cuando iba a Buenos Aires ,siempre regresaba en el día pero ya de  noche.

Al día siguiente sus clientes retiraban las comisiones en su domicilio o él las repartía  en una bicicleta negra que luego heredó papá


Mi abuelo era italiano, hijo de inmigrantes que habían venido de Lago Di Como, sé que lo crió su abuela llamada Margarita, en cuyo recuerdo lleva mi madre su nombre,

Integró la Sociedad Italia de Socorros Mutuos donde ocupó el cargo de Presidente.

Hace un tiempo su recuerdo me llevó hasta el Panteón que   guarda sus restos y los de la  abuela  también .

Me encontré con la famosa escalera que el abuelo había mandado hacer, la toque, era sólida y pesada, como hacían todo los italianos de antes, para que dure una eternidad.

En cuanto al panteón donde estan los restos de mis abuelos maternos me causó estupor ver el estado de deterioro.

Las columnas resquebrajadas parecían estar a punto de desmoronarse y ni que hablar del estado de abandono de las paredes y el piso, allí nadie se había ocupado de mantenerlo.


Preocupada por ese “no se qué “ que me dio ver donde estaban los restos de mis abuelos comencé a indagar sobre la Sociedad Italia y su Comisión Directiva.
Me dijeron que su presidente era Libonatti, pero debido a su edad y problemas de salud ya no podía ocuparse de los asuntos de la Sociedad Italiana .

Comentando con otros asociados comencé a interiorizarme más y advertí que la preocupación por el estado del Panteón era  no solo mía sino de varios que tenían sus familiares allí  sepultados .

El resultado fue que un día nos juntamos para tratar el asunto y ver que se podía hacer para restaurar el panteón de la Sociedad Italia.

Nuestro deseo es que pueda concretarse esta obra y que los familiares de los nichos más altos se suban tranquilos por la escalera   que hizo mi abuelo, aquel abuelo bueno que vi  por  ultima vez cuando volvía del cementerio de controlar que la colocaran.

Quien sabe   , tal vez el abuelo Carlos  la utilizó unos días después para ascender  al cielo.

María Cecilia Repetto



El día 5 de junio de 2012 se cumplieron 36 años de su muerte.





miércoles, 22 de agosto de 2012

DISTINCIONES MUNICIPALES EN DOLORES .María Cecilia Repetto


 

 

DOLORES   VIEJO

 

Un comentario frecuente entre los dolorenses   suele estar referido al crecimiento   que ha tenido la ciudad en las últimas décadas.

 

La apreciación tiene que ver esencialmente con la forma en que se ha extendido su planta urbana, con la mayor cantidad de viviendas como consecuencia del aumento  poblacional y con el desarrollo de algunos barrios que en la actualidad cuentan con iluminación, pavimento, servicios cloacales y agua corriente lo cual ha contribuido a mejorar la calidad de vida de sus vecinos.

 

Hoy en día puede decirse que, a pesar de ser numerosas las asignaturas pendientes, en estos casi dos siglos de vida nuestra ciudad ha transitado por un camino   de progreso.    

Al mismo tiempo y como consecuencia  de este crecimiento también se ha producido un cambio en la fisonomía de la ciudad y , en  parte ,en los estilos de vida de la gente   pues   aquel Dolores de antaño ,señorial  , parsimonioso , aquella imagen que muchos recordamos de un   pueblo  sereno y  tradicional  se ha ido desdibujando para adoptar  otro perfil  de ciudad  más  dinámica ,más moderna pero  al mismo tiempo más impersonal.

 

Si lo de ahora  es mejor o peor no  es  mi intención analizarlo aquí  ,solo digo que todo crecimiento provoca cambios  y en el caso de nuestra ciudad  , uno de ellos ,tal vez ,haya sido  la  pérdida de la serenidad y confianza  que reinaba  entre los vecinos cuando ésta era  una ciudad más joven y pequeña.

 

Muchas veces escucho decir que “hay un   Dolores de hoy y un Dolores de antes” .

 

En mi opinión, a pesar de los cambios que se registran  , su esencia permanece y se advierte en  los estilos sencillos de vida y  las pautas de conducta y de   trabajo que muchos dolorenses  han  conservado como  herencia y ejemplo   de sus antepasados .

 

En sintonía con ello   , durante todo el año  pasado,   el Intendente Municipal Dr. Camilo Etchevarren, a través de una iniciativa de los historiadores Angel Fortíni y Juan Carlos Pirali, realizó distinciones    a comerciantes, artesanos y profesionales de Dolores en mérito a su larga trayectoria en esta comunidad .

 

Como corolario de aquellos homenajes ,el pasado miércoles 18 de abril ,  la Municipalidad reunió en un acto a todos los homenajeados y  les hizo entrega de un libro que testimonia cada una de las  distinciones  y al mismo tiempo describe  las historias de vida y de trabajo de muchas familias dolorenses


Concurrí al acto por haber sido el estudio jurídico de mi familia uno de los homenajeados y debo decir que además de la emoción que en lo personal me produjo este reconocimiento al hacer una mirada entre los asistentes me vino al recuerdo aquel Dolores de antes, el de mi infancia, aquel pueblo con pocas cosas  pero con muchos valores .

 

Allí  estábamos iluminados por las arañas de cristal  que enseñorean el Salón Blanco Municipal  los representantes de una época en que Dolores era una pequeña ciudad en donde todos se conocían , una ciudad poblada por  inmigrantes y sus  descendientes que aprendieron de ellos la cultura del trabajo y del esfuerzo; la nostalgia fue inevitable.

 

 

Me pareció de fina sensibilidad  el gesto de homenajear a quienes han dejado como testimonio de vida su perseverancia en el trabajo , sobre todo en estas épocas donde la fugacidad, la ausencia del esfuerzo, la ganancia fácil es la imagen que predomina o se pone de ejemplo cuando se quiere simbolizar el éxito.

 

 

 

En medio de los aplausos me acordé de esa canción de Mercedes Sosa   que comenzaba   diciendo:

 

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo... 

Y yo agregaría para finalizar  :

 

...También ha cambiado nuestra ciudad a lo largo de los tiempos aunque  permanecen  en sus calles   los recuerdos de aquel  Dolores Viejo.

 

María Cecilia Repetto

 

 

viernes, 4 de mayo de 2012


 

 

EL PANTEON DE LA SOCIEDAD ITALIA

ENTRE EL OLVIDO Y LA MEMORIA

 

Caminando  hacia el   final del cementerio local  ,  en dirección al  sur , uno  se encuentra con  el Panteón de la Sociedad Italia o ,mejor dicho,  con lo que  todavía queda de él.

 

En este  panteón  ,construido  en el año 1900   ,descansan  los restos de muchos de nuestros antepasados de nacionalidad  italiana  que llegaron a  Dolores como consecuencia de las corrientes inmigratorias  que poblaron el país a principios del siglo XIX , constituyendo con su aporte cultural y su férrea vocación por el trabajo un factor determinante de nuestro crecimiento .

 

El edificio, pese a su   estado  , casi en ruinas, deja entrever los detalles propios de un  estilo   elegante y sobrio , reminiscencias del  refinamiento  italiano.

 

Se ve que  quienes lo  proyectaron  quisieron construir  algo más que una sepultura  , es evidente que  su ambición fue erigir  un mausoleo que perpetuara la memoria de la colectividad  italiana en Dolores

 

Precisamente la Sociedad Italia de Socorros Mutuos fue una expresión del espíritu  solidario y emprendedor que tanto impulso le dio a nuestra ciudad en su primer siglo de vida .

 

Esta asociación se constituyó en el año 1894 con el fin de cumplir objetivos de índole social  y asistencial  , prestando  en sus primeros tiempos , servicios de  atención médica ,odontológica y de oftalmología para sus asociados

 

Eran épocas en que  la gente se unía con el fin de  responder a las necesidades de su comunidad sin  esperar que el Estado redentor les solucionara sus problemas .

 

Aquella generación de hombres hacían las cosas  por su cuenta, con su esfuerzo y sin subsidios.

 

Así fue  también que progresó la   Argentina , con la tenacidad en el trabajo que se concretaba en  obras que han quedado como testimonio de una generación de   hacedores cuya mayor riqueza fue  la  dignidad aplicada en todos los actos de su vida.

 

 

Por esta razón, entre otras vinculadas al respeto a la memoria de nuestros    antepasados , este panteón debería  ser considerado un edificio histórico y, como tal , protegido y preservado antes que un probable desmoronamiento convierta en escombros un testimonio importante  de nuestra propia historia.

 

 

Hace algunos  días estuve allí y grande fue mi  desazón al  ver el estado de abandono  del edificio;  conversando al respecto con quienes tienen familiares en este panteón me expresaron el mismo sentimiento y el  temor que les genera  acercarse al lugar por el estado de las   columnas .

Actualmente   , como medida de prevención , las autoridades del cementerio  han colocado una valla  para evitar que la gente se acerque pero evidentemente la solución debe procurarse por otra vía ,es decir,   por la vía de la restauración del edificio.

 

 

Sería importante por este motivo que se realizara una convocatoria a los asociados o quienes tienes familiares en el panteón como punto de partida en la búsqueda de soluciones.

 

La restauración del Panteón  no es una empresa  imposible  de  concretar , solo se necesita el impulso  de quienes integran esta entidad  para iniciar un plan de reformas necesarias.

 

Estoy segura que una vez emprendida la obra contarían con el apoyo de la Municipalidad   , del Colegio de Arquitectos y de toda  la comunidad de Dolores .

 

Leo hoy en el diario que la viuda del escritor portugués José   Saramago encontró  un borrador con una frase escrita  por su marido que decía : “No dejemos que nuestros  muertos  mueran” .

 

Este panteón no solo ha  sido durante más de uno siglo  el espacio de descanso de numerosos dolorenses  sino que además  forma parte de la historia de la ciudad.

 

Me pareció que plantear a través de este medio la situación del Panteón de la Sociedad Italia  es una forma también de  “ No dejar que nuestros muertos  mueran .”

 

 

 

María Cecilia Repetto

 

 

 

 

lunes, 30 de abril de 2012

PANCHO SIERRA por María Cecilia Repetto



PANCHO SIERRA   ¿ESTAS   AHÍ?


En una habitación del fondo de la casa de la abuela  colgaba   de un clavo, tal cual lo  había puesto  mi abuelo paterno  a quien no conocí, una foto desteñida de  un viejo de  barba blanca y mirada profunda que, según decían , tenía poderes sobrenaturales.


Cierta vez   , cuando era chica , pregunté:


      -Abuela ¿Quién es ese hombre? y   ella me  respondió:


Es Pancho Sierra, hija.


Solo eso me dijo la abuela en aquel momento y yo no pregunté nada más.


La gente de antes era así, no era costumbre darles explicaciones a los chicos, ni éstos preguntar demasiado a los grandes, al fin y al cabo para eso uno contaba con el preciado don de la fantasía.


A su tiempo llegaría  la claridad necesaria, el conocimiento , despejando  las dudas si   subsistía  la curiosidad por algún episodio que nos había interesado , de lo contrario, dormiría la anécdota en el olvido  como una fugaz inquietud de las  tantas que se  plantean  a lo largo de  la niñez.


La casa de la abuela era   grande y larga; la típica casa chorizo de principios del siglo XX.


Tenía varias habitaciones en desuso que   ella nombraba por la función que habían cumplido en los primeros tiempos de la   familia, es decir, cuando estaban todos , antes del éxodo que dejó la casa vacía de ocupantes y cargada de recuerdos.


La habitación   del fondo  la conocíamos    como   ” La pieza de los expedientes” y  estaba separada de la vivienda principal.


Para acceder a ella   había que pasar al “segundo patio” donde estaba el limonero, eternamente apestado, los almácigos de Marta, la higuera donde habíamos enterrado el tero y el tanque de agua llovida donde una vez se cayó Pancho.

Por los detalles de su arquitectura, que me recordaban la casa de Tucumán   , supongo  que su construcción era más antigua  que el  resto de la  casa.


Dentro de esta habitación  había  una estantería de madera en la cual se archivaban muchas  carpetas  de  asuntos viejos  del estudio ,  una   mesa destartalada donde ,según contaba  la abuela , papá había estudiado toda la carrera de abogacía, en un rincón, un violonchelo  sin cuerdas que había pertenecido a un tío de papá, un  fuentón de aluminio   y por supuesto , sobre la pared  mirando  al frente   la misteriosa foto de Don Pancho Sierra.


Un día, cuando era más grande, alguien me explicó que la imagen había sido puesta en la parte más extrema de la casa porque teniendo el santo   desde allí una vista panorámica podía  amparar  a todos integrantes de la familia.


(Pancho Sierra, por los datos que he podido extraer de su biografía, nació en Salto en la provincia de Buenos Aires en el año 1831, era hijo de hacendados y estudió en la Universidad de Buenos Aires hasta el cuarto año la carrera de medicina.

Su actividad como sanador comenzó a ejercerla a partir de la muerte del único amor de su vida, Nemesia, hecho que lo sumió en una profunda depresión.


Para curar realizaba un ritual con agua fría extraída del pozo principal de su campo. Por eso se lo conoce como el “doctor del agua fría o   El resero del infinito”.

Su fama, que en principio era local, con el tiempo se popularizó, venían a verlo hasta su estancia personas de toda la provincia buscando su bendición y ayuda para resolver problemas, aún después de su muerte continuó siendo invocado por sus creyentes).


Cada tanto un impulso   me lleva a la casa de la abuela aunque no se bien qué es lo que  busco.


La misma pregunta se debe formular quienes retornan de visita a su pueblo natal o se detienen a observar la vieja casa paterna o el barrio de la infancia.


Hoy estuve allí en nostálgica recorrida.

En la habitación del fondo cada vez más abatida por el paso insondable del tiempo   restos de expedientes que se deshacen en la mano al levantarlos del suelo dan prueba de firmeza o de lealtad, no sé como describirlo.

Entre ellos , supongo , porque se ha caído  , estará  la imagen  obstinada de  Pancho Sierra ,  resistiendo  al derrumbe  y cumpliendo por más tiempo que el requerido su promesa fiel de proteger a los moradores .


Aquí a solas me encuentro en la habitación del fondo, en la cual mi abuelo, a quien no conocí por asuntos que no vienen al caso, había colocado la foto de un gaucho sanador.


En ausencia de todos siento el deseo de rebobinar el tiempo, si pudiera volver a verlos….aunque sea un rato…


Entonces , un pensamiento irracional me invade   :


- Tal vez el  santo !!! , me digo y rompo el silencio para   invocarlo:
-Pancho Sierra, ¿estas ahí?

Silencio   absoluto.


El santo no me ha respondido.


Pancho Sierra, ya no estás ahí, o quizá si, pero de otra manera, quizá estés por siempre en mi corazón y en el recuerdo de esa pared de barro donde posó alguna vez tu foto que me remontan a mi infancia cuando te vi   por primera vez.





María Cecilia Repetto



jueves, 9 de febrero de 2012


 

 

EL GATO  EN LA NAVIDAD

 

Nunca tuve predilección por los gatos y, a decir verdad, por ningún animal doméstico con excepción de una tortuga a la que le he puesto de nombre Rosa que se ganó mi simpatía a fuerza de quedarse a mi lado en las tardes de sol cuando me siento en el patio a leer el diario.

 

Pese a ello, en casa siempre ha habido  algún gato dando vueltas quienes, con un    arte de seducción del cual deberíamos aprender los humanos, me han llevado al  convencimiento de los beneficios de tener mascotas  en los hogares, sobre todo en las que hay niños, por el cariño que regalan y la compañía que  brindan.

 

El gato de quien les quiero hablar  llegó a casa cuando tenía unos pocos meses de  vida.

 

Mis hijos eran chicos en aquel entonces y el pobre animal superó varias pruebas de supervivencia  llevándonos al convencimiento,  pese a su edad  temprana, de que habíamos dado con un animal  extremadamente bueno.

 

Tal vez por pereza mental, como solía decir  papá, o porque se nos pasó por alto, lo cierto es que al pobre gato  nunca le oficializamos un nombre.

 

Hubo, eso sí,  una especie de libertad de acción , un acuerdo tácito tal vez , para llamarlo como cada uno quisiera  o le gustara ,aunque con el correr del  tiempo  ,  nos acostumbramos a decirle preferentemente  “ Gordo”  por ser el apodo  que más combinaba con su apariencia y sus ansias permanentes de comer todo lo que estaba a su alcance .

 

 

Debo admitir que conmigo  siempre el trato fue más frío pero era por esta indiferencia  mía que les comentaba  hacia los animales domésticos y además por mi rol de ama de casa.

 

Sucede que el felino transgredía sin culpa las normas de higiene, llenaba de pelos los sillones o bautizaba con sus orines alguna planta recién comprada para adorno del living  o bien se subía a la mesa recién servida aprovechando la distracción de los comensales.

 

Todos esto motivaba mi ira  y amenazas que acompañaba con   frases como “fuera de acá gato de porquería “   u otras más  contundentes pero que no sería decoroso  aquí transcribir (uno de entrecasa habla así, luego cuando sale refina el vocabulario) de todos modos  esto es ya parte de la antología  familiar que sería mejor olvidar por respeto a quienes ya no están con nosotros.

 

 

Tal vez  alguien al pasar por mi vereda lo habrá visto porque a él le gustaba sentarse orondo cada  mañana en el umbral de casa  y desde allí  miraba con displicencia a los que pasaban   y los que pasaban lo miraban a él porque parecía un adonis griego posando para una escultura en mármol.

 

Había que verlo, nadie podía negar su  elegancia, su porte de gato siamés.

 

Quienes tienen animales en la casa  entenderán si les cuento  que para nosotros este gato  con el tiempo pasó a ser considerado como un miembro más de la familia.

 

Comprenderán también si les digo  que sus  asuntos , llámense ,enfermedades, alimentación, hospedaje en periodos de veraneo ,entre otras, eran  temas  que se trataban en la mesa  con seriedad  y formaban  parte de la agenda de prioridades familiares.

 

 

Pero ocurre que la vida de los animales son, por lo general, más breves que la de los humanos y ocurre también que el tiempo pasa volando y cuando queremos acordar el gato o perro o lo que fuere, en este   caso, nuestro gato,  comienzan a vislumbrar signos de abatimiento, le aparecen canas rodeando su cabeza y un ritmo cansino que nos advierte que ya  no es el de antes, que se ha puesto  viejo.

 

A nosotros nos pasó que el gato además de envejecer, comenzó a adelgazar  de golpe y no hubo remedio ni tratamiento a nuestro alcance para  detener su enfermedad.

 

Yo diría   ,  ahora que   medito, que  al concluir su ciclo vital, se entregó con dignidad  al destino inevitable de  los seres vivos.

 

La noche que el gato murió fue largo nuestro silencio y triste la despedida.

 

Lo enterramos bajo la magnolia en una ceremonia sentida, como quisiera fuera la mía cuando dios disponga,  sencilla, breve y solo los deudos.

 

 

Y dirán que tiene que ver esto con las fiestas que menciono en el título de este artículo.

 

Ocurre que la celebración navideña  tiene  un condimento nostálgico, o lo tiene para mí, no sé, que hace que se sientan más los espacios vacíos.

 

Y pensaba,  ahora que han comenzado a brillar las luces de los arbolitos en los hogares   ,  que este año extrañaremos su presencia bajo la mesa , como también se extrañan  cada año la de aquellos otros que han partido antes y cuyo  recuerdo  golpea  más fuerte la puerta del corazón en estas fechas .

 

Pero, quien sabe, me decía, tal vez sean esos  espacios vacíos los que nos llevan a  profundizar en el sentido de la vida   , en el valor de los afectos, en las prioridades cuyo orden  a veces se invierte perdiendo de vista lo que es verdaderamente  importante.

Y  estos pensamientos son , a su vez ,los que le dan sentido a la Navidad que significa la esperanza  , lo nuevo  que surge  al final de cada etapa  ,es la templanza para aceptar los cambios  y la lucidez para advertir que de eso se trata la vida.  

              María Cecilia Repetto

domingo, 30 de octubre de 2011


VIVENCIAS  DURANTE EL PERIODO DE LA RESTAURACION DE LA DEMOCRACIA

 

En el año 1.983 cursaba el cuarto año de la carrera de abogacía.

Al acercarse la primavera comenzó a percibirse en la Facultad de Derecho de La Plata un ambiente inusual ,que no era provocado por el cambio de estación sino por la proximidad de las elecciones presidenciales del 30 de octubre.

Cierto aire refrescante despabilaba el ánimo estudiantil y nos desafiaba a un cambio de vida.

En el frente del edificio de la calle 41,en sus  escalinatas grises y en las paredes amarillas de  la Facultad se superponían, uno sobre otro, carteles con propagandas políticas de diferentes partidos políticos. La mitad de la  cara de Raúl Alfonsín se  adivinaba  sobre un afiche recién colocado con la imagen  de  Italo Luder ,entonces  candidato por el Partido Justicialista.

En varios rincones de la facultad los chicos de Franja Morada habían improvisado kioscos donde se reunían  todas las tardes  para hablar sobre política o  repartir  propaganda electoral de la U.C.R.

El espectáculo era novedoso, colorido y audaz  para la mayoría de los estudiantes, jóvenes con vocación pero inexpertos en el arte de ejercitar la política, primerizos en las  prácticas democráticas.

Teníamos, en aquel entonces, alrededor de veinte años. Pertenecíamos la mayoría  a  una generación que no había  participado  en  la  denominada guerra sucia ni había sentido en carne propia el gusto amargo de la represión.

Nada tuvimos que ver con aquello, más la dictadura nos vino de rebote y  marcó  nuestra adolescencia con un secundario rígido en  formalismos, modalidad que suelen imponer los mediocres como forma de ejercer la disciplina.

Salíamos con recelo  y en puntas de pie de aquel período oscuro de miedo y privaciones a las libertades  que nos impuso la dictadura militar.

Las elecciones reavivaban las ilusiones de la gente  que de a poco se animaba a participar de la campaña electoral contagiada por el entusiasmo de una minoría que se multiplicaba  cada día.

Se ponía de moda participar ,es cierto,no obstante se nos había marcado a fuego aquel temor de “meterse en política y terminar pegado”,algunos comentarios por el estilo se seguían escuchando de vez en cuando.

Los chicos del interior,por entonces, eramos los menos audaces- quizá teníamos como prioridad terminar la carrera- continuábamos nuestra rutina de estudio aunque mirábamos de reojo , ansiosos por tomar parte en aquella promesa de cambio.

Mil novecientos ochenta y tres fue un año netamente político en el que se reorganizaron  las fuerzas partidarias.

Se dejaba atrás el miedo y el odio que nos había inyectado la dictadura militar con su patoterismo y falta de respeto a los derechos individuales.

Ninguna ciudad del interior quedo ajena de este entusiasmo colectivo que se manifestaba en los comités a pleno ,en los actos callejeros multitudinarios y en la cifra record de afiliaciones  partidarias  como nunca se había visto en la Argentina.

La gente anhelaba volver a vivir en paz   y por entonces Raúl Alfonsín dueño de una oratoria aguerrida, enfervorizaba multitudes cuando recitaba el preámbulo de la Constitución Nacional al final de sus discursos de campaña.

No creo que haya habido otro día comparable en estos años como aquel 30 de octubre de 1.983 ,donde la euforia colectiva  colmó plazas , calles y donde más allá del resultado electoral, abrazó a  vencedores y vencidos  un mismo sentimiento de alegría que producía la recuperación del sistema democrático.

Para muchos de mi generación era la primera vez que concurríamos a las urnas y el entusiasmo que esto provocaba no se agotaba en la posibilidad de votar sino en el cambio de vida que implicaba para la sociedad sacarla del rigorismo y la falta de libertad a las que debió someterse durante el período militar.

A dos décadas de aquel día memorable reconforta saber que  pese a los tropiezos que hemos sufrido en estos años, la  Argentina continúa  siendo el país de latinoamérica  más apegado al sistema democrático

La experiencia recogida en estos años nos ha enseñado que la indiferencia, el “no te metas “son posturas peligrosas y que la participación  ciudadana es un derecho y  una obligación  permanente que cada argentino tiene para contribuir al fortalecimiento del sistema democrático.

                                                                                            María Cecilia Repetto

 

sábado, 15 de octubre de 2011


 

LA DIFICIL TAREA DE ELEGIR EL REGALO A MAMA 15-10-2011

 

 

Es viernes por la tarde  y  liberada ya de  mis obligaciones laborales  regreso  a casa por el mismo camino donde de tanto pasar   se está  formando un sendero.

 

Antes que anochezca quisiera comprarle el regalo a mamá para entregarle el domingo en su día pero me retrasa el hecho de no saber muy bien que cosa pudiera gustarle o hacerle falta.

 

Una posibilidad , pensaba hoy por la mañana ,  sería regalarle un  lavarropas automático , con esto seguramente la sorprendería , por otro lado algún comentario me hizo  hace unos días respecto a que el suyo estaba muy viejo, “que era de la época en que vivía tu padre” , fueron tal cual sus palabras, lo recuerdo bien.

 

Otra alternativa que me ha estado rondando en la cabeza es regalarle una computadora porque no tiene y  , quien sabe digo yo ,  tal vez la entretendría al tiempo que la obligaría a  incursionar en  algo nuevo .

 

Uno nunca debe pedir opiniones cuando no quiere recibirlas.

 

Les comento a mis hijos  que casualmente han venido a pasar el fin de semana por los mismos motivos   y mis ideas fueron masacradas.

 

El lavarropas, según ellos, no tenía sentido, ya que ella no necesita algo tan grande  y menos la computadora pues  a la abuela le gustan otras cosas  y solo iba a lograr complicarle la vida.

 

En fin, luego de recibir sus comentarios  lapidarios  , tal vez con criterio , hice algo que siempre aconsejo en mi oficina cuando se nos pierde una carpeta: me senté a pensar  antes de salir a buscar otra cosa para obsequiar a mamá.

 

Les adelanto , para que no sigan leyendo el relato si les resulta aburrido, mis reflexiones  no me llevaron al resultado esperado y no es que mi vieja  (así le digo yo de  entrecasa) sea una persona complicada, todo lo contrario.

 

Ocurre que el pensamiento me desvió por  otros andariveles, me hizo retroceder  hasta épocas de mi infancia cuando para el día de la madre  le preparábamos en la escuela, en la hora de labor o actividades prácticas, no recuerdo bien como se llamaba esa asignatura, una manopla bordada a mano con punto yerba , o aquel llavero pintado con plasticota de colores, o aquel cuadrito de madera barnizado que colgaba luego en la cocina como si fuera un  Picasso.

 

Y en cada regalo la vieja siempre  exaltando el valor del obsequio, como si fuera lo mejor del mundo, aunque en realidad era un mamarracho , valorando más de la cuenta - siempre fue así -  aquello que era mínimo comparado a lo que ella hacía por nosotros.

 

Claro, y llego al final, lo que ocurre es que lo que a una madre la emociona no es el tamaño del regalo sino el gesto, esa  mínima devolución que nos redime  frente a tanta torpeza filial.

 

No  es fácil pensar en un regalo para nuestra madre por la simple razón de que  tamaño obsequio no existe.

 

Tal vez  , si queremos aproximarnos ,algo apropiado sería ,a mi entender , sorprenderla con  un regalo sin envolturas, solo  nuestra voz  y algunas dulces   palabras  en su día.

 

 

María Cecilia Repetto